lunes, 24 de noviembre de 2008

Casi trescientos años...


Hoy empiezo a contarles una vieja historia de familia.



"Este viejo libro de hojas quebradas y casi rotas, esta en mi familia desde hace muchos años. No puedo precisar cuantos. Mi bisabuela se lo dejo a mi abuela y ella a mi madre. Llegó a mi poco antes de morir.
Ella cerró sus ojos azules a la edad de 90 años, justo los que tengo hoy. Me entregó el libro, pero en verdad las historias me las contó durante toda mi vida. Siempre lo nombraba y cuando yo era una niña estaba impresionada con sus relatos. Durante mi adolescencia ya casi no le prestaba atención, solo por la educación de escuchar a mamá cuando hablaba.
Cuando ella se hizo viejecita y seguía hablándome de este libro, pensaba que desvariaba un poco con su memoria.
Unos días antes de su muerte le estaba haciendo compañía en la habitación, cuando me pidió que quitara los dos últimos cajones de su armario que estaba empotrado en la pared y que levantara la madera del fondo del piso, le dije que luego lo haría, aun así insistió durante días… Pidió por lo mismo el día de su muerte, es mas, me decía que en su cuarto había un hada blanca y otras azules que le agradecían su creencia y el permitirles vivir en la casa, como lo habían hecho sus antepasados. De modo que saque los cajones y levante el fondo del piso, no podía creer lo que encontré, la mire a mamá y ella dijo: “Pronto tráelo, que quiero pedirte algo” Tome aquel viejo libro, lo llevé hasta su cama, solo la miré y ella contestó las preguntas que en mi interior nacían.
-Si hija es verdad, el viejo Libro de ROBEL, esta en esta casa desde que tu eras pequeña, te hable siempre de él pero desde la inocente credulidad hasta el escuchar respetuoso de tu madurez y sabiendo que ibas perdiendo la creencia en estos seres, hicieron que no te lo mostrara. Igualmente no hubiera podido hacerlo antes.
Anoche vinieron a verme y todas dijeron que te entregara el libro, que ya era hora.
Durante 200 años, el libro de Robel, ha pertenecido a esta familia y debe continuar en ella. Cada año veras que va creciendo el número de sus hojas, cambiando el color, podría decirse inclusive que las arrugas no son las mismas.
Las hadas escritoras dejan en las páginas parte de sus historias, donde más de una vez fui protagonista junto con esta familia pero no creas que todo fue perfecto, alguna vez yo también me equivoqué”-
Con los ojos llenos de lágrimas pedí perdón a mi madre por no creer más de una vez en sus relatos. Baje la mirada… Abrí el libro y en las primeras hojas amarillentas, una foto de mi abuela Italia se abría dedicando este libro a mi madre. La miré y ella cruzó palabras diciendo.
-“Si al abrirlo la primera hoja cambia, es porque ha llegado mi hora. Cuida de el, no lo abandones”-
Esas fueron sus últimas palabras, ella cerró sus ojos y yo en mi dolor cerré las tapas del libro y me abracé fuerte a ella. El sufrimiento y el llanto pudieron más que yo. Luego de estar con ella unos instantes, abrazada a sus últimas tibiezas, mire el libro recordando sus palabras. La foto de mi abuela se borraba, pasando a otra hoja. No sabía si era verdad o si eran mis lágrimas. Tocaba las hojas como desesperada, pero la foto de mamá joven, sonrientes, con su mirada clara, tomó impresión en la hoja y la dedicatoria cambió. Ahora la tenencia de este libro quedaba a mi custodia y al silencio de que alguien se enterara de su existencia.
Lo más doloroso era entender que mamá se iba y nunca más la volvería a ver. Solo su recuerdo quedaría en mi mente, en el centro de mi alma.
Mi hermana nunca se entero de la muerte de mamá.
Recorrí ligeramente las hojas, sus escrituras y los dibujos que lo conformaban, pero no era momento para mirarlo. Guardé el libro en su lugar, puse el piso de madera, coloque los cajones y cerré su armario.
Organice el velatorio y luego cumplí su voluntad. Esparcimos sus cenizas en los bosques más profundos.
Hoy se que mamá descansa en la paz de una primavera eterna junto a sus hadas, que según ella la acompañaron toda su vida.
Dos noches después acosté a mis hijas y llegada la media noche saque el libro. Me senté frente a los leños, cubrí mis piernas con una manta. Creo que hasta mi viudez me sentaba bien. Como siempre el perra Nash a mis pies y la lámpara de pie de mamá, iluminaba el sillón.
Me puse detenidamente a leer el libro y sentí que cada historia que leía, entraba en mi piel de forma apresurada, era como sentir que las conocía más allá de lo que mamá contaba. Recuerdo algo muy peculiar, a medida que iba avanzando en las hojas, miraba mucho a mí alrededor como si alguien me mirara, es mas, me empecé a sentir asechada. Me quedé dormida hasta el alba. Cuando abrí los ojos, parecía que había leído todo el libro, pero en verdad estaba abierto en la tercera hoja. Guarde el libro en su lugar para nadie lo viera.
Por la mañana cerca del medio día, mis dos hijas llegaron del colegio y no tardaron en salir los recuerdos de mamá. Ella las llenaba de mimos y ternuras, las nenas decían que su casa siempre tenía olor a sopa. Almudena, la más pequeña de ellas en medio de un silencio de tristezas pregunto.
-¿Quién nos contará ahora un cuento de hadas como los de la abuela?- Mikaela, la mayor, respondió - Ahora le toca a mamá.
Ella no dijo nada, solo bajo sus ojitos y se vino a mis brazos.
Así pasaron los días y los meses, todas las noches trataba de leer un poco más del libro pero siempre me quedaba dormida. La noche del 21 de marzo cuando entrada la primavera, con los últimos fríos y con los leños apagados, apenas con una manta me senté a leer, solo que esa noche sentí muy fuerte la sensación de estar acompañada. Cada tanto mi perra levantaba su cabeza y miraba al espacio, luego continuaba durmiendo. Fue como sentir una mezcla de sensaciones. Esa noche no me quede dormida, solo mi perra entró en un sueño profundo. Desde el sillón se podía ver el jardín y por momentos me parecía ver algo diferente, sin poder definir lo que veía. Frente a mí, a la altura de mis ojos, aparecieron unas luciérnagas azuladas, todas destellantes, formaron un círculo y sus pequeñas siluetas, se fueron delineando, tomando densidad y cuerpo físico, sin dejar de ser un material sutil.
Eran diminutas y no tan diferentes entre si. Las pupilas transparentes de sus ojos me investigaban de forma tal, que mi alma se sentía sacudida en un intenso surgir de estados latentes y diferentes a la vez, entre miedos, calmas he intrigas con la sensación e saber que realmente no sabía lo que estaba pasando.
¡Que bonitas eran con sus vestidos etéreos más que sus propios cuerpos!
La mayor de todas, era la que estaba en el centro. Ella fue quien se acercó a mí con una voz muy dulce diciendo que no me asustara. En verdad no tenia miedo, solo estaba impresionada por lo que mis ojos de simple mortal, veían a mí alrededor.
-“Calma, no sientas miedo. Sabemos que nos buscas desde hace tiempo pero teníamos que solicitar permiso al ELEMENATL MAYOR, para poder estar frente a ti y que tú nos puedas ver. Soy ROBEL, la dueña del libro que sostienes en tus manos, vivimos en tu casa desde hace ya más de 200 años y con cada uno de tus ancestros nos hemos ido comunicando, menos con algunas, pero bueno, ya hablaremos de ellas algún día. Todas en tu familia guardaron el libro y protegieron sus historias.

3 comentarios:

Darson Joyce dijo...

Muy buen texto1 Me encantó! Además es el mismo estilo con el que escribo algunos cuentos yo! Nosotros somos de Argentina, pero podemos seguir en contato. Es muy bueno todo lo que haces por el arte!
Saludos!

Darson Joyce dijo...

Gracias por tu comentario! Es muy alentador! Me encantaron tus blogs, sería muy bueno contar cn tu apoyo desde el otro lado del charquito! muchas gracias y mucha suerte.

Matias.

ade dijo...

- 200 años acompañada de hadas, que hermosa debe ser esa casa, cuanta mágia en sus entrañas. Ade